
La sociedad contemporánea en la cual estamos inmersos trae nuevos desafíos a nivel relacional. Para pensar en el sujeto contemporáneo es necesario mencionar primero qué era lo preponderante en el mundo premoderno. De acuerdo a pensadores como Bauman (2003), en la premodernidad el ser humano compartía valores sociales y civiles que generaban estabilidad. Una sociedad disciplinaria y coercitiva que de alguna manera brinda solidez en el carácter personal e intercambios sustanciales basados en el respeto y el compromiso hacia el otro.
Se habla de un nuevo paradigma en el que según Bauman, el hombre moderno se siente solo y desprotegido en la sociedad neoliberalista (modernidad) la cual no garantiza estabilidad en las relaciones, al contrario, una supeditación al intercambio meramente económico entre sujetos.
También autores como Cabanas & Illouz (2019), señalan los efectos del neoliberalismo en las personas. Analizando cómo dicho sistema que nace de un ordenamiento en términos económicos y políticos, permea también la esfera social, es decir, el ser humano bajo estas condiciones se ha visto afectado en la forma cómo se concibe y se relaciona. Uno de estos ejemplos es, manifestar el valor de la libertad y la autonomía como pilares fundamentales para el buen desarrollo de la personalidad, llevándolo a creerse actor independiente y autónomo ligado por el libre mercado, construyendo de tal modo el propio destino y haciendo sociedad por el camino (Aschoff, citado en Cabanas & Illouz, 2019, p. 62). En consecuencia, el hombre moderno se cree libre, independiente, creador y autor de su propio camino dejando de un lado, un principio de realidad ineludible como lo es el lazo social, los vínculos en el que »no siempre todo depende de mí, para mi autorrealización».
El surcoreano filósofo Han, B.-C. (2012) ganador del premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades, refiere algo interesante bajo este argumento de libertad en términos neoliberales, cree que hay una falsedad en estos ideales por lo cual el sujeto psíquicamente piensa que ha alcanzado su libertad pero lo que no se da cuenta es el hecho de estar más atado que nunca a su propia imagen, su propia esclavitud en el trabajar para ser más feliz, alcanzar metas, propósitos para autorrealizarse pero al fin de cuentas en esa infinidad de cosas por hacer ya que nadie se lo impide como en la sociedad de antaño coercitiva, se siente solo y cansado.
Pero, ¿por qué son importantes estos argumentos a nivel de la salud mental?, y ¿qué relación existe con la depresión?
En primer lugar son necesarios y escasos en el ámbito de la psicología pensar los efectos y síntomas contemporáneos que inciden en un patrón de comportamiento y pensamiento a nivel individual y colectivo. Normalmente se trabaja a nivel terapéutico el trastorno de la depresión de manera individual, pero obviamos que algún problema puede estar relacionado con algo sintomático que trae lo social, la cultura en la cual estamos inmersos.
Es importante también señalar que a nivel clínico los cambios en el paradigma de pasar de una sociedad coercitiva y represiva a una sociedad neoliberal, ha traído algunos efectos subjetivos que seguiremos estudiando, pero lo que no cabe duda es la realidad de estar en una época marcada por síntomas en el estado de ánimo como la depresión, mucho más preponderante que en épocas pasadas. Llama la atención entonces la alta demanda de pacientes afectados y con alteraciones en el estado del ánimo como la depresión y la ansiedad. No estamos en una sociedad victoriana y pacientes histéricas freudianas (que también existen). Ahora vemos sujetos más aburridos y extenuados que antes.
Rubio (2006) manifiesta que en la práctica profesional puede darse incidencias del neoliberalismo en relación a la depresión, es decir, hay un malestar subjetivo en tanta libertad, consumo, y poco lazo social. No es lo mismo la libertad promulgada en la premodernidad y la modernidad. El sujeto ahora se las tiene que arreglar más en la «libertad de elegir lo que quiere ser» pero frente a tanta oferta se diluye y quizás se pierde hasta en el intento de saber lo que realmente quiere. También Han (2012) manifiesta, el sujeto está cansado de autoexplotarse es decir, ya no hay nadie (un sistema social) que lo coarte a ser lo que quiere ser, es decir nadie se lo impide, a lo mejor el propio sujeto que no logra llegar a donde quiere estar, porque lo ha hecho todo para autorrealizarse creyendo que hace bien y lo que encuentra en cambio es un camino sin salida, donde nada le apetece hacer y ser. Exhausto de pensar que no lo ha logrado, cansado de pensar que no llega a ser lo que él mismo pide ser: libre y feliz.
Es una trampa el pensar y verse con ojos neoliberales en las que las relaciones son líquidas y frágiles Bauman (2003). ¿Quién sostiene al sujeto deprimido y con ansias de bienestar?. Si cada uno nos preocupamos solo por nuestra propia autorrealización autónomamente, independiente de los otros, de la comunidad. ¿Dónde está el lazo social que amortigua la caída cuando no siempre sentimos bienestar, y más bien estamos en un malestar?
Quiero aclarar que algunos de los ideales del neoliberalismo pueden ser uno de los factores que inciden en las alteraciones del estado del ánimo como la depresión, pero desde luego hay que evaluar siempre el caso por caso, analizar la sociedad en la que estamos, detenerse y hacer crítica de esta y cómo influye en nuestro comportamiento y estado de ánimo. Es verdad que el sujeto sueña con la libertad y la felicidad, pero el modo como se lucha por cumplir ese sueño, quizás sea una trampa y no esté ayudando al bienestar y a la salud mental.
Referencias
Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Cabanas, E., & Illouz, E. (2019). Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Paidós.
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
Rubio, G. (2006). Tratamientos de la adolescencia. En G. Gómez (Comp.), De la infancia a la adolescencia: Temas cruciales (p. 142). Colección Temas Cruciales.