LA FAMILIA NO SE ELIGE, LA SALUD MENTAL SÍ.

Ahora que la mayoría volvemos de vacaciones y de haber pasado momentos con nuestra familia o algún ser querido por la navidad, me gustaría hacer una corta reflexión sobre la familia y su relación estrecha con la salud mental.

Técnicamente existen diferentes tipos de familias: las funcionales, las aglutinadas, las que generan distancias emocionales (desligadas) que explicaré a continuación para haceros una idea.

Familia Funcional.  Beneficia la salud mental de cada uno sus miembros. 

Es un espacio adecuado en el que: 

  • Se respeta a cada uno como es.
  • Hay reglas, límites claros y también flexibles.
  • Se resuelven conflictos de manera adecuada.
  • Se establecen acuerdos para el bienestar de sus miembros a nivel individual y familiar.

Familia Aglutinada. Es una familia cohesionada, fusionada y unida. Pero el conflicto aparece cuando esa unión entre los miembros es para todo. Podríamos decir coloquialmente ‘hacen piña’, inclusive para lo no adecuado.

  • Hay reglas y límites difusos por su misma cohesión 
  • No tienen en cuenta lo individual
  • Prima la necesidad o peticiones familiares 

Familia Desligada. Es un espacio donde los miembros optan por una distancia emocional con sus familias.

  • Hay límites definidos y rígidos
  • Cada uno vive lo suyo sin mirar la dinámica familiar (individualismo)
  • Falta conexión entre los miembros. 

Dentro de estas descripciones quiero destacar un rasgo común que comparten las familias. El primer componente: 

  • Están constituidas obligatoriamente por los lazos de sangre en el que no se puede elegir a qué familia pertenecer. En esta vida terrenal te toca una familia determinada, una madre, un padre, hermanos, tíos a quién no has elegido, como sí lo puedes hacer posteriormente a tu pareja, amigos o compañeros de trabajo.

Partiendo de esta base genuina, normalmente leemos la realidad de nuestras familias, y este es el segundo componente:

  • Por el lazo emocional, es decir, nuestro instinto primario nos liga a estas personas durante toda la vida, por la relación que se establece desde el nacimiento. Las palabras, los gestos, las voces, impresiones visuales, el desarrollo de nuestros sentidos se estructura con los miembros de una familia determinada. Nuestro desarrollo evolutivo depende de estos cuidados y afectos primordiales.

Ahora bien, con el paso del tiempo y de acuerdo a nuestra madurez (etapa vital) se hace un reajuste a la realidad de la familia, nos vamos haciendo críticos a las relaciones familiares consciente e inconscientemente. Esta reacomodación se refiere a distintas formas de organizarse. Lo ideal sería que la familia sea:

  • Funcional
  • Flexible
  • Adaptativa 
  • Conciliadora
  • Realista. 

 El problema viene cuando este no es el camino. Por ejemplo: 

  • Una madre que siempre ejecuta órdenes a los demás miembros del mismo modo como cuando sus hijos eran pequeños.
  • Un padre que toma todas las decisiones familiares sin contar con los demás.
  • Pautas de crianza erráticas que perduran hasta la adultez
  • La sobrecarga de roles que recae solo en uno de los hijos
  • Un hijo que decide estudiar en otra ciudad pero uno de los padres no se lo permite por miedo al cambio en la dinámica familiar. Estos son algunos ejemplos, pero hay muchos más en donde las dinámicas familiares pueden perturbar la salud mental de alguno de los miembros.

Centrémonos en cultivar el reconocimiento de las familias con su historia (pasado-presente -futuro) y en ello, una identidad con expectativas y desaciertos. Recordando que el afecto como elemento fundamental en las relaciones esté también mediado por la flexibilidad, la conciliación y los demás factores mencionados anteriormente, aquellos que nos permitirán identificar las necesidades tanto individuales como colectivas para una sana dinámica familiar y beneficio de nuestra salud mental.